Inmigración e integración
El siglo XXI es diferente al siglo XX. En el XX existían muchos frentes abiertos, por eso, de entre las principales preocupaciones de la gente, no se encontraba al tema de la inmigración.
Actualmente, el problema es la educación y la integración. Hay muchas familias que no tienen tiempo para educar a sus hijos. Por ese motivo los niños aprovechan y se refugian en las calles. Los padres se ven incapaces de educarlos, y los hijos se refugian en sustitutos la familia, como por ejemplo las bandas callejeras. Este fenómeno es cada vez mayor. Sería importante acabar con esta lacra para conseguir una convivencia respetuosa.
No se puede estar cada dos por tres acusando a la gente de ser racista. Todos nos deberíamos parar a pensar que tipo de prejuicios y estereotipos tenemos respecto de los otros, y cómo eso dificulta nuestras relaciones. De la incomprensión y la ignorancia surgen problemas mucho más graves, como la alarma social, la imposibilidad de compartir y convivir en espacios públicos, el miedo hacia los otros, y muchos más. Si tenemos un euro y lo partimos en dos, a nadie le gustaría que le quitasen los cincuenta céntimos que le pertenecen.
Pero, mucha gente sin principios se aprovecha del racismo. Y, nosotros, nos quedamos echándonos la culpa el uno al otro, aunque la culpa, principalmente, es nuestra y sólo nuestra. El problema existe y ningún alcalde ni presidente o político de cualquier partido político quiere reconocerlo. Es más, a según qué partido político ya le va bien estos problemas de cara al pueblo.
Cuando esto pasa, los problemas se amontonan y se les da la espalda a los ciudadanos. Los beneficios que dejan los extranjeros son para el estado, no para los ciudadanos. Esperemos que haya más cursos culturales y más diversidad. Yo no digo que los extranjeros que renuncien a su cultura, sólo pido el respeto al lugar de acogida. Si sus padres han inmigrado para sacarles de las miserias, por lo menos, que los hijos respeten el lugar dónde viven ahora, como muestra de gratitud hacia padres.
Espero que lo que ha pasado en Alarcón (Madrid), sea sólo una hoja de primavera que se la lleva el viento y desaparezca en el cielo.
Actualmente, el problema es la educación y la integración. Hay muchas familias que no tienen tiempo para educar a sus hijos. Por ese motivo los niños aprovechan y se refugian en las calles. Los padres se ven incapaces de educarlos, y los hijos se refugian en sustitutos la familia, como por ejemplo las bandas callejeras. Este fenómeno es cada vez mayor. Sería importante acabar con esta lacra para conseguir una convivencia respetuosa.
No se puede estar cada dos por tres acusando a la gente de ser racista. Todos nos deberíamos parar a pensar que tipo de prejuicios y estereotipos tenemos respecto de los otros, y cómo eso dificulta nuestras relaciones. De la incomprensión y la ignorancia surgen problemas mucho más graves, como la alarma social, la imposibilidad de compartir y convivir en espacios públicos, el miedo hacia los otros, y muchos más. Si tenemos un euro y lo partimos en dos, a nadie le gustaría que le quitasen los cincuenta céntimos que le pertenecen.
Pero, mucha gente sin principios se aprovecha del racismo. Y, nosotros, nos quedamos echándonos la culpa el uno al otro, aunque la culpa, principalmente, es nuestra y sólo nuestra. El problema existe y ningún alcalde ni presidente o político de cualquier partido político quiere reconocerlo. Es más, a según qué partido político ya le va bien estos problemas de cara al pueblo.
Cuando esto pasa, los problemas se amontonan y se les da la espalda a los ciudadanos. Los beneficios que dejan los extranjeros son para el estado, no para los ciudadanos. Esperemos que haya más cursos culturales y más diversidad. Yo no digo que los extranjeros que renuncien a su cultura, sólo pido el respeto al lugar de acogida. Si sus padres han inmigrado para sacarles de las miserias, por lo menos, que los hijos respeten el lugar dónde viven ahora, como muestra de gratitud hacia padres.
Espero que lo que ha pasado en Alarcón (Madrid), sea sólo una hoja de primavera que se la lleva el viento y desaparezca en el cielo.
